SÍ BUENO… DIFÍCIL, ¿NO?: LA AUSENCIA DE UNA COMUNICACIÓN DE GÉNERO EN EL FÚTBOL FEMENIL

Miguel Ángel Lara Hidalgo

Mg. en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana (México). Mail: cacaxtla@yahoo.com

Cecilia Pérez Navarro

Mg. en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana (México).

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“Sí bueno… difícil, ¿no?”. Ésta es la frase con la que cualquier jugador de fútbol en el mundo termina diciendo cuando un medio de comunicación lo entrevista al término de un partido. Y así ha sido para las mujeres no sólo en fútbol, sino en todos los ámbitos de desarrollo humano, “difícil, ¿no?” La tiranía del olvido y la marginación hacia la mujer, históricamente cotidiana, ha construido escenarios de lucha, reclamos y reivindicaciones del papel de la mujer en el hogar, la ciencia, la política, los medios, la academia y, por supuesto, el fútbol. Desde la visión de lo masculino el mundo se ha alfabetizado, politizado, construido, masificado y hasta contextualizado, centralizando y excluyendo al mismo tiempo otras visiones que de construcción y deconstrucción de toda actividad que involucre a todas las personas y sus actividades.

Este artículo pretende exponer cómo la marginación en el futbol femenil ha tenido como consecuencia una lucha intrínseca para su visibilización, desde que Nettie Honeyball vio en el fútbol la afirmación de la mujer para que participara en procesos políticos y sociales en el parlamento de Inglaterra. Sin embargo, el sistema masculinizado ha construido un “cuerpo dócil” en la mujer y su visión hacia ese cuerpo es un “blanco de poder”, que desde el escenario “técnico-político” constituye un conjunto de reglamentos militares, escolares, hospitalarios que sirven para controlar las operaciones del cuerpo (Foucault, 2000). A esta reflexión hay que agregar los reglamentos del hogar donde se afirman las bases de la educación de los hijos y la imagen de la mujer que hace del recato la discreción y el trabajo del hogar una forma de sumisión en las clases medias y altas de la Inglaterra de finales del siglo XIX y que permea en el mundo sobre todo si hablamos del enorme intercambio cultural que tuvo Inglaterra, cuna del fútbol reglamentado, hacia y desde sus todavía colonias y países que salían del colonialismo español, portugués, francés u holandés. Los procesos de futbolización de la mujer se llevaron a cabo en estos entornos, donde el uso del cuerpo femenino también estaba regido por la noción de “cuidado del cuerpo y las buenas costumbres”, que hacían de éste un “cuerpo analizable, que puede ser transformado para fines masculinos” (Fals Borda, 1997). Esta lucha se ha convertido no sólo en política y activista, sino en mediática, digital, callejera, deportiva y futbolera. 

Durante el Mundial Femenil llevado a cabo en México en 1971 y en un contexto de país que venía de organizar dos megaeventos deportivos seguidos, los Juegos Olímpicos de 1968 y el Mundial de Fútbol de 1970, en pleno modelo estabilizador del país, las estructuras de organización fueron eminentemente masculinizadas. Además, aunque no fue un evento oficial de la FIFA, sí hubo personas del máximo organismo del fútbol, todos hombres, involucrados en la planeación. Así, la representación de lo femenino estuvo limitado sólo a la cancha. El Mundial del 71 fue por invitación y contó con la participación de seis selecciones: Italia, Inglaterra, Francia, Argentina, México y Dinamarca, que terminaron como campeonas.

No es sino hasta 1991 que la FIFA decide nuevamente implementar el Mundial Femenil, que se juega desde entonces cada cuatro años. Pero es en 1999 que “moderniza” sus procesos en la toma de decisiones, pero no incorpora el “pensamiento femenino” en la panóptica de la planeación. 

Años antes, los Estados Unidos comenzaron el desarrollo del futbol femenil poniendo la lupa en estrategias de planeación desde el ámbito de lo femenino, intercambiando expresiones e investigaciones de equidad y de género para desarrollar los escenarios de toma de decisiones, propicios para que la aparición de la otra fuera efectiva, no sólo en lo simbólico sino en lo práctico, donde la toma de decisión incide en un cambio de la realidad (NCAA, 2012). En este escenario confluyeron visiones de discurso, vestimenta, alimentación, medicina, audiencias, infraestructura y recursos, que dieron fuerza no sólo al balompié, sino a la mujer como persona. (Binello, Conde, Martínez, Rodríguez, 2000). No obstante, a nivel global, la FIFA, regida desde la lógica masculina, sigue castigando y vigilando los procesos finales en la toma de decisiones en torno al certamen femenino. 

Lo masculino también se construye desde lo semántico-semiótico. Si decimos Copa del Mundo asumimos de inmediato que se refiere al certamen varonil, porque es lo legítimo, lo original; por tanto, cuando juegan las mujeres es necesario agregar el adjetivo “femenil”. Es decir, comunicometodológicamente, lo femenil se sostiene desde lo masculino, no por sí mismo. ¿Por qué la FIFA, en busca de la equidad de género, no hace oficial que se llamen Copa Mundial Varonil y Copa Mundial Femenil? 

Estas prácticas son reproducidas por los medios sin que lo reflexionen. Aunque cada vez más mujeres narran y comentan los partidos, y han dejado de ser solo “atractivo visual”, estos espacio siguen dominados por los hombres y la presencia de estas comentaristas es aún vista como rara. A lo que se tendría que aspirar, desde el punto de vista de la Comunicoeconomía, es a que las narrativas se entrelazan, que en la práctica lo que estemos viendo, escuchando, viviendo o sintiendo no sea femenino o masculino, sino simplemente el fútbol por el fútbol (Galindo, 2011).

Pese a que en el futbol femenil poco ha cambiado, en términos del dominio de lo masculino, este Mundial nos deja entrever la posibilidad de construir desde lo femenino. La participación de mujeres en el Comité de Planeación de la FIFA de este torneo y la ya conocida negativa de la noruega Ada Hegerberg de participar -en protesta a la diferencia en los premios y el trato que se da a las selecciones varoniles- son dos ejemplos de cómo la mujer está empujando más contundente para las futuras futbolistas. Sí bueno… difícil, ¿no? pero se está haciendo.

Referencias bibliográficas

Binello, G. (Coord.). (2000). Mujeres y Fútbol; ¿Territorio conquistado o a conquistar?, Buenos Aires, Argentina: CLACSO.

Foucault, M. (1975). Vigilar y Castigar. México: Siglo XXI Editores.

Galindo, J. (2011). Ingeniería en Comunicación Social y Deporte. México: INDECUS.

Herrera, N. y López, L. (Comps). (2014). Ciencia, compromiso y cambio social. Textos de Orlando Fals Borda, Buenos Aires.

NCAA. Gender-Equity Report, 2004-2010. (2012). The National Collegiate Athletic Association, Estados Unidos.

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