DESPUÉS DE FRANCIA 2019

Verónica Moreira / Rodrigo Soto-Lagos

Coordinadorxs Grupo de Trabajo «Deporte, Políticas Públicas y Sociedad»

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El pasado 7 de julio terminó la 8va Copa Mundial Femenina de Fútbol 2019 con sede en Francia, y con esta entrega también finaliza Cuadernos del Mundial, con envíos diarios de investigadoras/es de distintos países y orientación académica que dieron su interpretación sobre este evento deportivo de connotación global. Participaron académicos y académicas de Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, España, Holanda, Japón, México y Uruguay. De esta manera, podemos comentar que, esta vez, los Cuadernos hicieron participar a América, Asia, Europa y Oceanía, por lo que surge como desafío la inclusión de académicxs de países africanos para tener una voz global de los estudios sociales del deporte respecto de los grandes espectáculos deportivos. 

En esta versión, la multicampeona selección de Estados Unidos ganó por cuarta vez el certamen internacional, enfrentando en la final (y por primera vez) al conjunto holandés. En este torneo, para los cuartos de final no quedaban equipos latinoamericanos ni africanos, exponiendo esto la superioridad en cuanto al apoyo institucional y económico de las federaciones a las selecciones del Norte y las europeas. Esta superioridad deportiva, traducida en las ayudas antes dichas, también podría comunicar una brecha en el campo de la investigación: académicos y, sobre todo, académicas del Sur no logran estar en los grandes escenarios de la producción del conocimiento mundial, no por falta de capacidad sino por las débiles políticas de apoyo a la investigación en nuestros continentes. O, más claro aún, producto de la reducción del presupuesto en ciencia y tecnología de los actuales gobiernos latinoamericanos. 

Pese a la diferencia de incentivo entre las selecciones de las diferentes naciones, ciertos aspectos no cambian para las futbolistas –ni para las académicas–. Hasta las jugadoras de los países con mayor sustento han solicitado en conferencia de prensa la necesidad de una mayor atención por parte de la FIFA. La capitana del equipo campeón habló horas antes de la final sobre la coincidencia de ésta con las finales de la Copa América y la Copa de Oro, exponiendo de esta manera que el respeto que dispensa el organismo rector del fútbol a nivel global no es el mismo cuando se trata de varones o de mujeres.

A este hecho se suma el dinero que las atletas –y las académica– reciben como salarios y como premios. El presidente de la FIFA Gianni Infantino anunció que la cifra aumentaría a US$60 millones para la Copa Mundial Femenina de 2023. Frente a esto, la representante estadounidense destacó que si el deseo del presidente de la FIFA es no continuar ampliando la brecha entre el torneo mundial masculino y femenino por qué esperar cuatro años para tal inversión. Algo similar ocurre en relación al campo académico, las docentes e investigadoras aún no logran asimilar sus salarios, incentivos, becas e, incluso, los puestos de responsabilidad que sus pares masculinos poseen. Ambos ejemplos, y tal como hemos mencionado en las diferentes publicaciones desde los estudios sociales del deporte, demuestran que esta práctica humana –el deporte– es una institución que funciona con sus propias lógicas y prácticas. No es un espejo en el que la sociedad se mira a sí misma. En otras palabras, he aquí un gran avance que nuestro campo le ha aportado a las ciencias sociales: el deporte es un objeto de estudio y permite pensar la sociedad desde las dinámicas particular que en este espacio ocurre. 

Las voces de las deportistas se han hecho sentir en este torneo. Las mismas han encontrado en el contexto actual de cambio cultural el sostén para denunciar con acciones y palabras la estructura desigual en la que están insertas. En los últimos años, se han multiplicado y visibilizado las demandas de mujeres que se han sentido discriminadas a diario en sus trayectorias como atletas. Este surgimiento se inscribe en el fortalecimiento del movimiento de mujeres y los feminismos que han logrado instalar masivamente demandas que son históricas. Ningún otro mundial de fútbol de mujeres tuvo la repercusión, la promoción y la visibilidad como la actual versión. Mujeres como directoras técnicas, enviadas especiales de las cadenas de medios de comunicación, panelistas de programas de televisión, y aún pueden encontrarse más ejemplos. 

Y es que la visibilidad de la acción en distintos roles, ocupados históricamente por varones, ha demostrado que muchas mujeres se alejan del modelo tradicional y que los modos de ser mujer se multiplican. Las distintas protagonistas de este Mundial de fútbol ha discutido como nunca antes para un evento de esta envergadura los estereotipos que se han usado para clasificar, domesticar y desjerarquizar la posición de las mujeres. Ahora, es aún más posible, avanzar en el campo de la investigación y hacer visible cómo los feminismos logran multiplicar y visibilizar el aporte que las mujeres han hecho y continúan haciendo para la construcción de mundos –y por supuesto, deportes– más libres, más justos, y más diversos.

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