LA SELECCIÓN CHILENA FEMENINA EN MASCULINO

Carolina Cabello Escudero

Socióloga (Universidad de Valparaíso, Chile). Investigadora del Centro de Estudios Socioculturales del Deporte (CESDE). Integrante de la Red Chilena de Estudios Sociales del Deporte. Comentarista deportiva del programa Charla Técnica de la radio Valentín Letelier de la Universidad de Valparaíso y presentadora radial del programa Wanderers FM de radio Ritoque. Dirigenta deportiva y futbolista amateur. Mail: carolinapaz.cabello@gmail.com

Vicente López Magnet

Estudiante Patrocinado COES. Magíster en Sociología PUC, Chile. Mail: vjlopez2@uc.cl

Carlos Vergara Constela

Club Deportivo Villa Berlín. Sociólogo (Universidad de Valparaíso, Chile). Máster en Estudios Territoriales y de la Población por la Universitat Autónoma de Barcelona, España. Doctorando en Geografía por la Pontificia Universidad Católica. Investigador del CESDE. Mail: cdvc87@gmail.com

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El pasado jueves 20 de junio la selección chilena femenina puso término a su primera participación histórica en un Mundial de Fútbol organizado por la FIFA. Un camino largo que ha estado repleto de impedimentos y obstáculos en su desarrollo, pero que culmina con todo un país vibrando y sintiendo a la selección como un producto nacional. Pero ¿hacia dónde se dirige el fútbol femenino? ¿Es posible proyectar un fútbol feminista? ¿Cómo han trabajado la cobertura del fútbol femenino los medios de comunicación chilenos? ¿La publicidad ha sido sexista? ¿Qué nos están transmitiendo los distintos lenguajes comunicacionales de los medios?

Pitazo inicial, partamos deconstruyendo mitos: el origen

El fútbol femenino en Chile no surge con esta generación histórica que logró clasificar a un Mundial y a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Tampoco surge el año 1991 tras respaldo de la FIFA al organizar la primera Copa del Mundo Femenina, ni el 1971 cuando se levanta la prohibición de tener divisiones femeninas a federaciones y clubes afiliados al ente máximo. Sino que su origen data de al menos un siglo antes.

En la historia del fútbol femenino mundial son las British Ladies Football Club el primer equipo de mujeres. Conformadas en 1895, disputaron más de 160 partidos en sólo dos años con promedios de 10 mil personas en las gradas. Esto, a pesar de la constante humillación que les confrontaba la prensa de la época, quienes destrozaban cada una de sus participaciones, refiriéndose a su apariencia, a sus técnicas y a lo poco femeninas que se veían las mujeres. Pero nunca se refirieron a su experiencia femenina, al cómo era jugar fútbol en cuerpo de mujer. Esa es una memoria silenciada, una memoria suelta, que carece de relato en grupos sociales.  

En Chile, Brenda Elsey y Joshua Nadel (2018) han larvado una exhaustiva trayectoria de investigación para desenterrar la historia del fútbol femenino y nos señalan que ya en 1927 se crea la Asociación de deporte femenino en Valparaíso, y se organizan las primeras ligas de fútbol exclusivas de mujeres. A la par, en el puerto de Coquimbo y en otras ciudades intermedias como Talca ya existían equipos de fútbol conformados por mujeres, con sus propias orgánicas y competiciones.

Sin embargo, el boicot de la FIFA se extendería por todo el continente: en algunos países de manera más formal como en Brasil, donde en 1941 se prohíbe la práctica del fútbol femenino; y en otros como en Chile, en donde el silencio y la invisibilización fueron el arma de lucha del desarrollo masculinizado de un naciente fútbol rentado. Las políticas públicas deportivas y educacionales naturalizaron las diferencias de género, promoviendo una educación sexista y segregada, sobretodo en el desarrollo de la educación física, desde donde la masculinidad imperante enseñaba a las mujeres cómo mover sus cuerpos (Elsey, 2013).

En la reproducción de estereotipos y en el silencio tomado frente a experiencias que rompen con los mismos, la prensa sin duda que ha tenido un rol fundamental para transmitir discursos, representaciones e imaginarios que fueron dando forma a la estructura y a la cultura del fútbol nacional. Revistas como Los Sports promovían que las mujeres debían practicar deporte en sus hogares y no en público. De la misma manera, no dudaban en señalar que la práctica femenina del deporte fomentaba el lesbianismo, transmitiendo mensajes homofóbicos al colocar en duda la femineidad de las deportistas. 

En aquellos años, el fútbol en Chile comenzaba a consagrarse como un espacio de mediación simbólica y disputa política entre varones, por lo que se hacía pertinente restringir al máximo el fútbol femenino. Aunque en el período de radicalización social previa dictadura se advirtió una nueva avanzada del fútbol femenino, el “golpe” le dio un giro neoconservador. De esta manera, varias décadas después podemos señalar que el fútbol chileno se ha construido históricamente como un espacio masculinizado, desde donde se ha condicionado la participación de la mujer a la interpretación del hombre. Son ellos quienes a través de grandes estructuras de gobernanza como la FIFA o la ANFP deciden qué es bueno o apropiado para las mujeres. Son ellos, quienes a través de la producción cultural han impuesto “códigos”, “mitos” y formas de relacionarse entre los distintos estamentos que se permiten dentro de aquella estructura masculina, que no da espacios para la libertad femenina.  

Sigamos con los mitos. La histórica selección chilena no es la pionera en el fútbol femenino. Pero sí es pionera en articular al mercado…  ¡Jueguen! 

Paternalismo, mercado y exitismo en una arquera de clase mundial

En el contexto descrito, emerge descollante una figura como Christiane Endler, capitana, arquera y máxima figura del plantel que disputó el mundial en Francia. La fiebre mundialera ha llevado a que a diario nos toque verla promocionando diversos bienes, servicios y corporaciones: en la calle, en el transporte público, en redes sociales, televisión, diarios y radio. Empresas de rubros en principio tan disímiles como la salud genital, la telefonía y la banca, tienen como rostro de sus franjas publicitarias a una “Tiane” que ha maravillado por su liderazgo y actuaciones dentro de la cancha, y ha encendido la polémica entre los comentaristas al declarar sus afinidades políticas con la centro derecha, al tiempo que comparte y apoya demandas generales propias del movimiento de mujeres.  Ahora, más que querer hacer un juicio sobre las posiciones de Endler (no somos quiénes para decirle qué hacer, sentir y pensar), nos importa más bien juzgar cómo y desde dónde se la posiciona, y cómo se narra una historia de la selección femenina y se la encarna en su máxima líder. 

Para ello, es especialmente importante poner atención a la idea de Castoriadis (2013) de que, en la fase histórica del capitalismo avanzado, el consumo se ha consagrado como estrategia para la producción de nuestras vidas. Según el autor, el consumo asciende en el tiempo actual como núcleo de significación imaginaria, que atraviesa y sobre el que se articulan el sentido y la inteligibilidad de la experiencia social. Asimismo, a partir de dicho núcleo imaginario de significados se despliegan segundas significaciones imaginarias. En nuestro caso, la definición de un nacionalismo de mercado (Santa Cruz, 2003; 2012; 2014), identificado con el hincha de La Roja masculina, cae de cajón como tal.

Siguiendo a Castoriadis y Santa Cruz, la máxima líder de una escuadra deportiva no solamente es una representante legítima de la nación, sino también una voz y rostro legítimo para decir qué servicios debemos preferir para estar conectados con el mundo más allá de lo copresencial (a pesar de que dicha empresa no sea capaz siquiera de reconocer las diferencias reales de tamaño a su favor que tiene con el goleador histórico de la Roja masculina), es un referente nacional cuyo liderazgo es tan transversal que constituye un argumento suficiente para resolver las contradicciones machistas presentes incluso en un grupo de niños, y es también una historia de mensual superación de los problemas que el ciclo menstrual representa a las mujeres a la hora de practicar deporte y “ser mejor cada día”. 

En la publicidad y hacia la construcción de una idea de nación, “Tiane” es producida en un estatus de semidiosa, si es que no derechamente de deidad: sabe cómo trascender adecuadamente las fronteras de lo físico, resuelve la discriminación a los roles de género, y para las mujeres, representa una apuesta segura y confiable para alejar del azar el cuidado de los órganos sexuales y reproductivos. Es, en último término, la representación de un liderazgo femenino deseable, autovalente, necesario y demostradamente exitoso. Más aún cuando su posición política no pone en jaque el orden social en términos generales.

¿Y la bullada profesionalización?

La lucha por las reivindicaciones, por más justas y sentidas que sean, resulta una política subordinada y de las subordinaciones, porque se sustenta en lo que resulta justo según una realidad proyectada, sostenida y reproducida por otros, hombres, y porque adopta evidentemente sus formas políticas.

En términos culturales, la reproducción sexista de estereotipos de la prensa haciendo ha hecho alusión sólo a puntos de referencia masculinos (el palo, porque no tenemos nada lo queremos todo y otros). Este Mundial ha permitido ver que las mujeres pueden enmarcarse dentro de la narración la nación futbolera. Más que por reconocer el trazado de un camino propio, por interpretar sus vaivenes futbolísticos dentro de la mitología masculina. Su épica clasificación y su trágica eliminación, articuladas en el “no tenían nada pero lo lograron todo”; y en la pérdida de un penal en los últimos minutos de juego (una suerte de combinación entre Caszely y Pinilla), le permitieron un “bautizo” como “chilenas” bajo los semblantes de nuestra cultura futbolera.  

Luego de la eliminación chilena y un cierto reconocimiento de su práctica, se levantaron las banderas de la profesionalización desde varios espacios, aunque han quedado subordinados a la participación de la selección masculina en la Copa América de Brasil. Pero, ¿qué profesionalización se propone para el fútbol femenino? ¿Qué actorías sociales están en pugna? ¿Qué pueden otorgarle las sociedades anónimas? Sueldos decentes, seguros médicos e implementación parecen ser costos operacionales de segundo o tercer orden. La única vía por la que apuestan las gerenciadoras es asumir profesionalización como mercantilización. Es decir, que la cosificación, el fetiche y las ventas producto del consumo puedan otorgar un plusvalor a ser reinvertido en mejoras para el fútbol femenino. Sin embargo, aquello es volátil: no se aprecia una voluntad desde la plana de dirigentes para transitar hacia un cambio estructural. Es más, cada “mejora” puede ser realizada mediante la invocación del “estamos trabajando para emparejar la cancha”.

En definitiva, la salud del fútbol en Chile es tan mala que cualquier dosis de feminismo, aunque sea baja, esporádica y de cualquier tipo, resulta oxígeno puro. No se trata de atacar al fútbol masculino por ser masculino, como insisten algunos comentaristas deportivos. Se trata que, aunque no lo digamos, aunque nos lo guardemos, nuestros puntos cardinales son patriarcales y sexistas. Ejemplo puro es no saber cómo eliminar el calificativo “maricón” ante «cualquier ausencia de hombría» en el desempeño de quien juega ¡El emparejamiento también es subjetivo!

Nos parece que es importante visibilizar la diferencia sexual femenina a través de las experiencias de mujeres y el lenguaje. Para ello, son necesarios medios de comunicaciones no convencionales y feministas que difundan el relato futbolero femenino, facilitando así la articulación de un orden simbólico alternativo que legitime a la mujer y su cultura deportiva como sujeto de sus propias experiencias. La experiencia femenina no se puede medir, ni tampoco comparar con las masculinas, puesto que tienen su razón de ser en sí mismas. Así tal vez algún día podamos respondernos ¿Qué es ser futbolista desde el ser femenino?

Bibliografía

Castoriadis, C. (2013). La institución imaginaria de la sociedad. Barcelona, España: Tusquets Editores S.A.

Elsey, B. (2013). Citizen and Sportsmen. Texas, estados Unidos: University of Texas Press.

Elsey, B. y Nadel, J. (2018). La lucha histórica de las mujeres en el fútbol. Recuperado de: https://20.theclinic.cl/2018/11/15/la-lucha-historica-de-las-mujeres-en-el-futbol/

Santa Cruz, E. (2003). Fútbol y nacionalismo de mercado en el Chile actual. En P. Alabarces & C. A. Máximo Pimenta (Eds.), Futbologías: fútbol, identidad y violencia en América Latina (1. ed, pp. 189-224). Buenos Aires, Argentina: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales : Agencia Sueca de Desarrollo Internacional.

Santa Cruz, E. (2012). Fútbol e Identidad en Chile: las transmisiones televisivas. Revista de ALESDE, 2(1), p. 4–16.Santa Cruz, E. (2014). Fútbol mediatizado y globalización: de expresión socio-cultural a marca registrada. En C. Vergara & E. Valenzuela (Eds.), Todo es cancha: análisis y perspectivas socioculturales del fútbol latinoamericano. Santiago, Chile: Editorial Cuarto Propio, (1a ed, p. 103-118).

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