VIVAS, LIBRES Y EN EL FÚTBOL NOS QUEREMOS

Julia Hang

Licenciada en Sociología y Doctora en Ciencias Sociales (IdIHCS-UNLP-CONICET, Argentina). Mail: julita.hang@gmail.com

Hoy es 3 de junio de 2019. Hace exactamente cuatro años, la historia del movimiento de mujeres en Argentina cambió para siempre. El femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años por parte de su novio, fue la gota que rebalsó el vaso y las mujeres argentinas salieron masivamente a las calles para reclamar justicia por ella y por todas las mujeres víctimas de una violencia de género que, para el año 2015, provocaba un femicidio cada 37 horas. #NiUnaMenos, la consigna de esa movilización, se convirtió en emblema y mito fundacional de un movimiento que preexistía, pero que ahora llegaba y se instalaba con fuerza en lugares y sectores antes impensados.

Como todos los 3 de junio, hoy concentramos en Plaza Moreno, en el centro de la ciudad de La Plata (Buenos Aires, Argentina). Año a año mejoramos nuestros repertorios de acción y vamos preparadas para las inclemencias climáticas: llevamos mate, abrigo y nuevas canciones para entonar mientras marchamos. Esta vez estamos un poco cansadas, y nos salteamos el ritual previo de preparación: ni nos pintamos la cara, ni nos ponemos glitter, ni pintamos carteles. Sólo llevamos nuestros pañuelos verdes, símbolo de la lucha por el derecho al aborto legal y por la autonomía sobre nuestros cuerpos, que se masificó a partir de los debates en torno al proyecto de Ley de Interrupción Legal del Embarazo que tuvo lugar en las cámaras de diputados y senadores durante 2018. Miro hacia arriba, y veo, a unos metros, el pañuelo verde pintado en una bandera. En la misma bandera, el escudo de Gimnasia y Esgrima La Plata, uno de los dos grandes clubes de fútbol profesional que tiene nuestra ciudad. Junto al escudo, aparecía el logo azul y violeta que representa al área de género del club. Emilia y Merlina sostienen la bandera. Son las pibas con las que vengo haciendo trabajo de campo desde hace un año, en el marco de mi investigación sobre mujeres y política en los clubes argentinos. Para ellas, el 3 de junio también es un día especial. No sólo porque su club cumple 132 años, sino porque están festejando su primer aniversario como parte del mismo. Un año atrás Merlina, Emilia, Magui y Constanza, hinchas del “lobo”, como se conoce a Gimnasia, socias del club y feministas, presentaban públicamente el área de género, un espacio nuevo desde el cual se proponían eliminar el machismo estructural del club. Durante este año realizaron una multiplicidad de acciones dirigidas a erradicar el machismo y visibilizar a las mujeres en club: llevaron adelante talleres sobre masculinidades para jugadores de fútbol de inferiores, charlas sobre fútbol femenino, capacitaciones en género para trabajadorxs del club, campañas para visibilizar a deportistas destacadas y actividades conjuntas con el espacio de género de su clásico rival, Estudiantes de La Plata.

La creación del Área de Género de Gimnasia acompañó un proceso que venía teniendo lugar en otros clubes de la primera división del fútbol argentino: Newell’s Old Boys, Rosario Central, Banfield, Racing, Independiente, River, Vélez Sarsfield, Estudiantes de La Plata y Ferrocarril Oeste, entre otros, fueron creando sus áreas, en algunos casos enmarcadas en el entramado institucional como subsecretarías de género, en otros como secretarías de la mujer y en otros como comisiones o subcomisiones. El surgimiento de estos espacios, impulsado por el movimiento de mujeres, ha sido posibilitado además por el formato jurídico que los clubes tienen en Argentina. Son asociaciones civiles sin fines de lucro, cuyas autoridades son elegidas en elecciones por sus socixs y que aspiran al bien común de sus asociadxs y de la sociedad.

Uno de los desafíos que tienen por delante en Gimnasia es lograr que más mujeres y dirigentes con perspectiva de género accedan a la Comisión Directiva. Actualmente, sólo dos mujeres participan de la misma, en cargos menores. Este bajo porcentaje en la conducción no es específico del “lobo”, sino que es un denominador común en todos los clubes que cuentan con fútbol profesional. A pesar de que la Ley del Deporte sancionada en 2015 reglamenta la obligatoriedad de un cupo femenino en las listas que se presenten a elección de Comisión Directiva, del total de dirigentes en los clubes que cuentan con fútbol masculino profesional sólo el 6,07% son mujeres. En cuatro de ellos no hay ninguna mujer ocupando cargo de autoridad.

Desde el ámbito académico, las investigaciones que abordaron la política en los clubes argentinos y que destacaron el potencial democrático del asociacionismo, en tanto instancia de desarrollo de virtudes cívicas y de entrenamiento en la vida democrática, no dieron cuenta de lo acotado de esa democracia, en tanto es un sistema que si bien no prohíbe la participación de las mujeres, la desalienta por muchos medios. Como ha mostrado la antropóloga Verónica Moreira, el amateurismo de los dirigentes de los clubes argentinos que realizan su trabajo sin cobrar remuneración conlleva a una concentración de cargos administrativos en provecho de aquellos que disponen del tiempo necesario para cumplir las funciones de manera gratuita. Las mujeres, quienes fueron históricamente privadas del derecho al ocio y tiempo libre, se han visto imposibilitadas de acceder no sólo a las dirigencias, sino también a aquellos lugares de sociabilidad informal donde se estrechan lazos políticos y muchas de las cuestiones relativas a la vida política de los clubes se dirimen, tales como asados o partidos de fútbol.

Durante 2018 no sólo proliferaron los espacios de género en los clubes. Ya sea por oportunismo político o sensibilidad hacia las demandas de visibilización que las jugadoras de la selección argentina plantearon en la Copa América, y los reclamos de igualdad encabezados por la jugadora Maca Sánchez, el autodenominado “presidente de la igualdad”, Chiqui Tapia, anunció la profesionalización del fútbol femenino. La conquista de derechos en el mundo del fútbol argentino implica para sus protagonistas buscar aliados, negociar y reconocer espacios de libertad y márgenes de acción. Y en ese camino, dialogar con una multiplicidad de actores dirigenciales que no saben muy bien qué esperar de ellas, pero sí saben que las necesitan en una sociedad que está cambiando.

Mientras marchamos porque vivas nos queremos, aprovechamos para planificar nuestra agenda feminista. Como además nos queremos libres, deseantes y llenas de derechos, y sabemos que en Argentina el fútbol es mucho más que fútbol, la primera actividad del espacio de mujeres del colectivo político del que participo, será sobre fútbol. A pesar de que la mayoría no sabemos nada de fútbol. O eso nos quisieron hacer creer. Lo que sí sabemos, es que este mundial es histórico para las futbolistas argentinas, entrenadoras, académicas, periodistas, militantes feministas que desde los márgenes están logrando contar una nueva historia del fútbol donde las mujeres ya no son de los futbolistas, sino que son ellas mismas las protagonistas.

CUADERNOS DEL MUNDIAL FRANCIA 2019

Verónica Moreira / Rodrigo Soto-Lagos

Coordinadorxs Grupo de Trabajo “Deporte, Políticas Públicas y Sociedad”

“No, no más invisibilización: los grandes eventos deportivos serán analizados críticamente, tal como hemos venido haciendo desde los Cuadernos del Mundial de Brasil 2014. Para las ciencias sociales, estas ‘citas atléticas’ no pasarán desapercibidas, ya que lo que se mueve en nuestros países mientras ocurren estos eventos, no es poco”.

Así terminamos los Cuadernos del Mundial Rusia 2018 y de la misma manera comenzamos este nuevo proceso. El día viernes 7 de junio comenzó el Mundial de Fútbol Femenino FIFA, Francia 2019, en el que 24 selecciones competirán durante 4 semanas para convertirse en el mejor equipo del globo.

No habrá más silencio de las ciencias sociales respecto de la institución que gran parte de los movimientos críticos del siglo XX no pudieron incluir en sus modelos de sociedad. El deporte en general, y el fútbol en particular, fue definido como una actividad que las diferentes aristocracias nacionales promovían para apaciguar las fuerzas revolucionarias de los movimientos obreros que se enfrentaron a acciones conservadoras. Y quizás por ello, hemos podido conocer escasos dirigentes deportivos posicionados del lado de los movimientos transformadores de la sociedad. Aún más, por la misma razón, podríamos decir que menos atletas se han declarado en huelga producto de alguna deficiencia en sus contratos de trabajo.

El fútbol es algo más que 22 personas jugando tras un balón, mediados por una figura de autoridad que arbitra respecto del bien y el mal. Este deporte es el que occidente asumió como propio y como motor de diferentes expresiones culturales y políticas. En Latinoamérica, iniciado el siglo XIX, vimos esta práctica desde los ingleses, nos la apropiamos y aprendimos a jugar bajo nuestro propio sello; es regla vital, al menos en el fútbol, que los aprendices ganan a los maestros. Si no, pregúnteles a los ingleses, que debieron esperar hasta 1966 para organizar y ganar el mundial del deporte que ellos mismos habían instalado en las diferentes colonias de su imperio.

Y en esta misma lógica, ni los ingleses, ni los brasileros, ni los argentinos, ni los italianos, ni los franceses, imaginaron que alguna vez en la historia de la humanidad existiría una versión femenina de este deporte masculino, europeo y sobre todo, aristócrata. Hoy, ese sueño no imaginado ya cumple su octava versión, y como nunca antes se ofrece como un evento para visibilizar diferentes demandas que las mujeres del mundo hoy posicionan como necesarias, urgentes y posibles.

La expansión de los movimientos de mujeres y los feminismos de los últimos años en el mundo es innegable. En este contexto, la búsqueda de la afirmación de los derechos de las mujeres y las disidencias se ha puesto de manifiesto de manera notoria y amplificada en el deporte de mayor injerencia en el planeta: el fútbol. La masificación de la realización del mundial de fútbol femenino, a través de los medios de comunicación convencionales y las redes sociales, ha colocado en un primer plano a cientos de futbolistas que están allí, en Francia, en representación no sólo de sus países sino también de miles de mujeres, jóvenes y niñas que desean y juegan al fútbol. Para todas ellas, éste deporte es un rasgo de una identidad que deben defender a diario.

Las futbolistas de alto rendimiento, profesionales en algunos casos, amateurs en otros, circulan por los espacios que le han sido históricamente negados. Ellas aparecen entrenando, realizando ejercicios preliminares, reconociendo el campo de juego, posando para una foto personal o de un medio deportivo en la puerta de un hotel, brindando una conferencia de prensa, protagonizando un spot publicitario. En este recorrido constante, cotidiano y cada vez menos silencioso, van dejando una marca en el terreno del otro, desplazando con sus propios cuerpos el cerco impuesto desde el poder.

El encuentro entre los feminismos y el fútbol se nota si observamos las demandas que se expanden en las distintas selecciones. Pese a las diferencias significativas entre los equipos nacionales, un denominador común une las voces de las protagonistas: la lucha por el reconocimiento de derechos plenos para jugar libremente y con las mismas condiciones que los varones. En todas ellas aparece el pedido para ser identificadas y legitimadas como deportistas.

Miles de mujeres derriban prejuicios y mandatos haciendo rodar la pelota en sus pies. La FIFA y los medios de comunicación hegemónicos lo saben. Por eso, en este torneo como en ninguna versión anterior del mismo, el apoyo económico de la entidad que regula este deporte es notablemente superior y las noticias sobre el fútbol de mujeres circulan con mayor frecuencia, tratando de sortear la afirmación de estereotipos y descripciones estigmatizantes. No obstante, pese a los avances en materia de visibilidad de los derechos de las mujeres, la lucha por la igualdad de género sigue siendo un desafío para los países de distintas latitudes del mundo.

En estos Cuadernos del Mundial Francia 2019, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, a través del Grupo de Trabajo “Deporte, Políticas Públicas y Ciencias Sociales”, ha definido focalizar las discusiones en el fútbol practicado por mujeres, considerando diferentes dimensiones, en relación con la política, las representaciones, el género y el mercado. Estas cuatro aristas, estarán articuladas con una cobertura etnográfica en vivo, para democratizar y hacer visible el Mundial que cada vez cobra más relevancia en la vida cotidiana.